1. INTRODUCCIÓN ¿Desafortunadamente o infortunadamente? ¿Cómo se escribe? Si consultamos el Diccionario de la Lengua Española (DLE) podremos comprobar que solo recoge el adverbio infortunadamente y no su forma más común y utilizada: desafortundamente. Este hecho ha llevado a varias fuentes en Internet y las redes sociales a propagar el mito de que el adverbio desafortunadamente no existe y que la única forma correcta del adverbio sería infortunadamente. Pues bien, NO ES ASÍ. Ambas formas son SINÓNIMOS y completamente CORRECTAS. Sigamos leyendo.
INTRODUCCIÓN El ser humano como actor social que es por esencia, a través de su desarrollo y de manera casi que natural ha buscado a través del ejercicio de la reunión y de la asociación con sus congéneres, coadyuvarse para el logro de sus fines, que van desde la misma supervivencia hasta el logro de las más grandes ambiciones. Es por ello, que los derechos de reunión y asociación son intrínsecos a la misma naturaleza del hombre. En épocas tan especiales de nuestra democracia en donde se busca con afán la protección y el libre ejercicio de los derechos fundamentales, resulta casi que ineludible hacer una reflexión en relación con el libre ejercicio de estos derechos. Observaremos las diferentes normatividades que amparan estos Derechos a través de las normas emitidas por los diferentes entes internacionales que se ocupan del tema y del derecho constitucional comparado. Haremos una mirada al sindicalismo en Colombia, como ejemplo preponderant...
La Paradoja de lo Cotidiano. En un rincón olvidado de la vasta llanura, donde el viento parecía tejer historias con el polvo y los matorrales, vivía un hombre de mirada esquiva y pasos firmes. Se decía que tenía un corazón repleto de sueños grandiosos, aspiraciones que podían hacer temblar los cimientos del universo si tan solo lograra ponerlas en marcha. Sin embargo, aquellos que lo conocían, o más bien, que creían conocerlo, veían en él una contradicción viva, un ser que hablaba con elocuencia de las injusticias del mundo, de las guerras que asolaban tierras lejanas y de los males que afligían a naciones enteras, pero cuya propia casa se desmoronaba en un silencio polvoriento. Entre las paredes agrietadas de su humilde morada, donde la luz del sol se colaba a través de ventanas rotas, el caos reinaba en forma de montañas de papeles, platos sucios acumulados como testigos mudos de una indiferencia autoinfligida, y plantas marchitas que alguna vez fueron ...