La Paradoja de lo Cotidiano. En un rincón olvidado de la vasta llanura, donde el viento parecía tejer historias con el polvo y los matorrales, vivía un hombre de mirada esquiva y pasos firmes. Se decía que tenía un corazón repleto de sueños grandiosos, aspiraciones que podían hacer temblar los cimientos del universo si tan solo lograra ponerlas en marcha. Sin embargo, aquellos que lo conocían, o más bien, que creían conocerlo, veían en él una contradicción viva, un ser que hablaba con elocuencia de las injusticias del mundo, de las guerras que asolaban tierras lejanas y de los males que afligían a naciones enteras, pero cuya propia casa se desmoronaba en un silencio polvoriento. Entre las paredes agrietadas de su humilde morada, donde la luz del sol se colaba a través de ventanas rotas, el caos reinaba en forma de montañas de papeles, platos sucios acumulados como testigos mudos de una indiferencia autoinfligida, y plantas marchitas que alguna vez fueron ...
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